viernes, 5 de septiembre de 2008

Se ve nacer la poesía en las modalidades ya enunciadas, dependiendo estrechamente de la música y del realismo o la subjetivización, inclinada a uno o a otra. El impulso religioso determinó en gran parte la poesía medieval dirigida hacia Dios, supeditado el arte a la fe en una órbita colectiva por lo común, pero a su vez esa divinización resultaría compatible al sabor realísimo, al asomo de los valores humanos, contribuyendo decisivamente al nacimiento y perfeccionamiento del lenguaje literario.
Durante el siglo XVII tuvo lugar lo que, en sus varias manifestaciones, es conocido como barroco en el que algunos poetas (así el gran trío español del Siglo de Or0 formado por Góngora, Lope de Vega y Quevedo) consiguieron un enriquecimiento asombroso del lenguaje y una atención muy especial hacia los motivos muy propios del vivir humano, sin que contenido y continente, significante o significado, como diría Saussure, dejaran de estar en contínua relación.
El siglo XVIII fue el del reinado del neoclasicismo, el del equilibrio a costa de lo que fuese, el del respeto absoluto a la norma. En el siglo XIX se produjo la explosión conocida como Romanticismo tiempo en el que la poesía especialmente la lírica se expansionó como nunca y dio forma a una verdadera revolución sentimental.

Hacia la mitad del siglo XX, la poesía asumió la actitud que es denominada de "compromiso" muy en relación con el existencialismo encabezada por Sartre y Camus con aspectos políticos y sociales muy concretos. Ahora se vuelve a una concepción más estética de la poesía centrada en el perfeccionamiento del lenguaje. Otros cambios se sucederán, porque la poesía es como un péndulo de la vida y del hombre, y la más noble expresión literaria de una y otro.
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